A Hughes: conversaciones con Ringwald y Hughes

Extraje esta suculenta entrevista de Molly Ringwald a John Hughes de un Seventeen Magazine de 1987, cuando la actriz y el director estaban en su pleno apogeo y el brat pack estudiantil le servía a todo el mundo de principal definitorio del cine juvenil en todas sus vertientes. La he traducido libremente del inglés al español, obviando las partes que me han resultado más superfluas (hacia el final, no hacían más que hablar y hablar de moda y música) y haciendo extractos de varios puntos que se extendían demasiado como para que no me resultaran lo suficientemente fácil traducirlos (mi inglés es una birria). Por supuesto, he respetado religiosamente el contexto de las impresiones de ambos. Estamos que lo tiramos con el homenaje. Menudo epitafio en su honor, Sr. Hughes. Que se note que le queremos como a un padre que sabe tener en cuenta a sus retoños, hostia.

Molly Ringwald: De chaval, ¿le obsesionaban las chicas y el sexo tanto como a los personajes masculinos de sus películas?

John Hughes: No. Yo estaba obsesionado con el romance. Cuando estaba en secundaria, veía Doctor Zhivago todos los días en el teatro al que estuve yendo desde su inauguración hasta su clausura. El acomodador me decía: “su asiento está listo”. Y me sentaba ahí solo, pegado a la pantalla. La mayoría de mis personajes son románticos, más que sexuales. Creo que esa es una diferencia fundamental en mis obras; son más precisas en retratar a los jóvenes como románticos (de anhelar una relación y comprensión con un miembro del sexo opuesto más allá del sexo físico).

MR: ¿Qué pasa con los adolescentes en relación al sexo en sus películas? Nunca se muestra sexo en Sixteen Candles o The Breakfast Club. ¿Quería dejarlo a la imaginación del espectador o sólo buscaba una calificación PG?

JH: No. ¿Cuál es la pega? En Sixteen Candles, pensé que sería gratuito mostrarlo sólo para llevar más lejos el beso entre Samantha y Jake. Ese beso es el momento más hermoso. Una vez se me acerco alguien y me dijo que yo era un especialista en comedias sobre sexo. Citó a The Breakfast Club y She’s Having a Baby como ejemplos. Me descojoné.

MR: ¡Oh, dios!

JH: Pensé: “¿Qué tipo de sexo?” Bueno, en fin, en She’s Having… hay un bebé en una bañera al que se le ve el culo desnudo. Y en The Breakfast Club, hay algunos besos.

MR: No se imagina la cantidad de gente que me vino después de ver The Breakfast Club para preguntarme qué es lo que hicimos Judd (Nelson) y yo en la escena del armario.

JH: ¿Personas jóvenes o mayores?

MR: Mayores, en su mayoría.

JH: A mí también me solían hacer ese tipo de preguntas, casi todo gente adulta.

MR: Yo nunca pensé en eso. Recuerdo cuando me hicieron la misma pregunta en una entrevista por teléfono y yo respondí que por qué se me preguntaba eso, si lo que ocurrió en esa escena se mostraba en la pantalla.

JH: Sí. Ahí sólo mostramos un poco de diálogo.

MR: Sin embargo, usted recortó un montón de los besos que hubo entre Judd y yo.

JH: Porque me pareció que se excedían. Los besos se sucedían con demasiada rapidez y destacaban demasiado. Durante el montaje no dejaba de decir “menos, menos”. ¿Por qué mostrar tanto beso cuando la gente en realidad cierra los ojos cuando se besa?

MR: ¿Cómo era su ideal de mujer perfecta en su adolescencia? ¿Como Kelly LeBrock?

JH: No. Demasiado tremenda.

MR: Entonces, ¿por qué creó el personaje que desempeña en Weird Science?

JH: Ese era el objetivo. Dos chicos tratan de crear a la mujer perfecta. Pero no. Ellos crearon una fantasía física que resultó ser una persona real, pero no advirtieron crear físicamente a ésta, un cuerpo de verdad. Se concentraron en el desarrollo físico, que es sólo una pequeña parte de la identidad de nadie.

MR: Pero es puramente sexual. Incluso, en un principio, los chicos se niegan a dotar a la chica de un cerebro.

JH: Sí, pero, en realidad, el sexo fue la última cosa que se les pasó por la cabeza. Ellos querían a una chica, pero no tenían idea de lo que era una de verdad. Las chicas no son precisamente accesibles para ellos. Por lo tanto, su concepto de chica lo basan en los medios de comunicación.

MR: ¿Cree usted que eso es algo que va dirigido a la mayoría de los adolescentes?

JH: No, no lo creo. Hay una línea muy fina ahí. Y es una línea que probablemente yo no haya respetado lo suficiente en esta película. ¿Sabes de esas personas que forran sus habitaciones con posters de pin-ups? Pues en la apariencia fantasiosa de ese aspecto gira la película, en esa obsesión por la imagen carente de sentido y que la gente siempre tiende a buscar en su media naranja.

MR: ¿Qué personajes creados por ti son los que más te gustan y te representan?

JH: Yo era un poco como Samantha (de Sixteen Candles). Muchos de mis sentimientos coinciden con su carácter. También me gusta mucho la Allison de The Breakfast Club. Yo era un don nadie. Y, por dentro, soy cagado a Ferris Bueller.

MR: ¿Cómo se le ocurrió la idea de escribir la historia de Pretty in Pink?

JH: De cuando tú me hablaste del tema de los Psychedelic Furs.

MR: ¡Pretty In Pink, me encanta esa canción!

JH: Se me grabó ese título en la cabeza. Le busqué un significado propio. Escribí Pretty in Pink una semana después de acabar Sixteen Candles. Odio tanto poner fin a mis guiones que lo primero que hago cuando acabo uno, es escribir otro. Me entristece tener que salir de ellos y vérmelas con el mundo. Cuando terminé Sixteen Candles, me dio un bajonazo de la hostia. Quería quedarme en esa película para siempre.

MR: ¿Cree que el brat pack hace honores a la imagen del adolescente medio, o simplemente es un nombre que la prensa ha inventado para referirse a una edad determinada?

JH: Es sólo una etiqueta.

MR: Los de mi edad estamos empezando a ser respetados precisamente por películas como las suyas, y de ahí creo que surge la necesidad de ponerles mote a éstas, ¿no crees? ¿Pero es este justo?

JH: No, y creo que es un poco por la envidia de los adultos. Los actores jóvenes no tienen tan difícil un éxito seguro debido a su edad, y términos como brat pack, en clara parodia descerebrada del rat pack, contribuyen a lo contrario. Describen a los adolescentes como indisciplinados y arrogantes y esa es una descripción subjetiva que para nada hace justicia al mundo que cree comprender. Lo más triste es que la gente que hace uso de esta etiqueta jamás ha tenido contacto alguno con el periodista que la acuñó.

MR: Dígamelo a mí, que soy considerada una de las reinas del brat pack.

JH: Etiquetas, mujer, etiquetas.

MR: He leído a muchos críticos con respecto a The Breakfast Club preguntándose por qué nadie siente la necesidad de hablar de los problemas de los adolescentes. No me lo podía creer. ¿Qué pasa ahora? ¿Ya no somos parte de esta sociedad? ¿No podemos tener problemas?

JH: No es correcto no permitir a alguien el derecho a tener un problema debido a su edad. La gente dice,” Bueno, son jóvenes. Tienen toda la vida por delante. ¿Qué es de lo que tiene que quejarse? “.  Hay quien olvida muy rápido lo que significa ser joven.

MR: ¿Y quién quiere recordar? Yo estoy puteada. La gente olvida la sensación de ir a escuela el lunes y pasar una prueba de física que no entiende en absoluto. Es difícil. Por eso sucede. Pero, ahora, fíjese usted, no creo que me olvide nunca.

JH: Ferris tiene una línea de guión en la que define el instituto como una gran fiesta. Ferris sabe que su padre puede corroborar esto, pero reconoce que éste ya ha olvidado o no quiere recordar las malas partes. Los adultos suelen hacerme preguntas desconcertantes, como que de dónde saco para escribir diálogos para adolescentes y que si acaso he visto a éstos interactuar entre sí alguna vez. Menudas chorradas. Me pregunto si realmente piensan que los menores de veinte son una rara especie ajena u opuesta a los adultos. Rodamos Ferris Bueller’s Day Off en mi antiguo instituto. Hablé mucho con los estudiantes de entonces. Y me encantó. Era fácil entablar una conversación con ellos. Es un alivio que con 35 años puedas acercarte a una chica de 17 y preguntarle por sus amigos y cómo lo lleva sin que te mande a paseo. No es algo muy habitual. Prejuicios que sin embargo entiendo por qué están ahí.

MR: Te criaste en Illinois, Chicago. ¿Te ha interesado alguna vez el mundo de los suburbios?

JH: Te seré franco, no me considero alguien capacitado para hacer una película sobre intrigas internacionales (rara vez salgo del país), por ejemplo. No soporto escribir sobre cosas que escapan a mi alcance. Sin embargo, me encantaría hacer una película sobre pandilleros. Estaría dispuesto a pasar algún tiempo en la calle con las pandillas para empezar el guión. Necesito tener siempre consciencia de lo que hago.

4 comentarios

  1. ¡Echaremos mucho de menos a este genio!
    Hughes ha marcado ha muchos crios de mi época y a algún que otro pederasta hijodeputa también.

  2. A algún que otro pederasta? Comorr?

    Tío, con esto y el vistazo que le acabo de echar a tu blog, y te lo digo sin ninguna maldad, me da a mí que estás como una puta chota, colega.

  3. Como una puta chota? Yo?? Comorr?

    ¡Ves con Dios amigo!

  4. [...] transcribe parcialmente una entrevista que Molly Ringwald le hizo a Hughes, aunque inevitablemente el asunto derivó en una conversación sin corsés periodísticos. Verán [...]

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