Villanías en la sesera

Subconscious Cruelty

Para bien o para mal, el propio título lo indica todo: Subconscious Cruelty, pero por si fuera poco, la película asienta compostura en un prólogo relativamente prometedor (una voz en off establece un discurso moral sobre la animalidad del mundo y el tupido velo que corremos ante las adversidades que nos superan y perturban, por lo que recurrimos, como es natural (o debería serlo para más gente), a un refugio seguro donde ahogar penas y canalizar frustraciones y preocupaciones de forma sana, al escapismo que nos proporciona la ficción artística, siendo ésta una débil tapadera sólo bienintencionada), aunque muestre imágenes a modo de toscas alegorías como esa tan ridícula de un pájaro muerto envuelto en celuloide. Tras los créditos, otra voz en off continua creando aún más expectativas, pero también muy relativas (nos explica la posibilidad de nulidad de la parte racional imperante en nuestro hemisferio cerebral. Si la del lado izquierdo cesa, la del derecho, asume el control, dueño del inconsciente y, según la película, de nuestros más bajos instintos).

Karim Hussain, director y guionista (y colaborador habitual en las películas de Nacho Cerdá, para más señas), hizo una aseveración muy gratuita con insinuar que las razones del comportamiento humano más infame, perverso, depravado y salvaje son debidas a la falta de tornillos, por decirlo así, pues la razón de la existencia de atrocidades cometidas en el mundo no tiene por qué seguir directrices racionales y, aún menos, deberse a fallas en la mollera; la consciencia es la que hace a esas atrocidades más consistentes y numerosas. Además, el hemisferio derecho del cerebro no es deidad maligna reprimida alguna, y tan sólo equilibra un grado del subconsciente, estando el resto compuesto por lógica, como el hemisferio izquierdo, que me he informado, caray. Sin embargo, la opera prima de Hussain se va desmarcando del camino de la filosofía científica para ir directa al grano, dándose el sinsentido merecido como experimento escatológico, pretendidamente degradador y medianamente introspectivo que es.

Editada con precisión, bien musitada y cuidada en el aspecto cromático de la foto, Subconscious… no constituye más que un dechado de imágenes simbólicas y surrealistas de cuchufleta, gore sexual (con la friolera de unas cuantas escenas para el recuerdo, como la paja a un recién castrado que se desangra mientras un muerto sin ojos le recita no sé qué pollas cristianas -¿o eran satánicas? Bah, lo mismo da-, con injertos de crucifijos y rosarios, a los que, en un ocasión, le son proyectados la sombra de una esvástica -descojonante esto-; un tipo practicándole una felación al filo de un cuchillo mientras una tipa extasiada vestida de novia sujeta éste fingiendo que es su nabo erecto; un grupo de mujeres caníbales desnudas y muy salidas comiéndose y follándose a un hombre caracterizado de Jesucristo en una iglesia y pajeándose furiosamente con intestinos fresquitos, y ya, porque la del parto y el bebe degollado es un churro que a mí me da la risa floja) y perversiones incatalogables que beben con descaro de cineastas como Jörg Buttgereit, Ken Russell, Keneth Anger, David Lynch, Alejandro Jodorowski y, qué coño, hasta de Terrence Malick. Pero la solemnidad del conjunto, sumado a la petulancia alegórica del caótico y desfragmentado imaginario obsceno (¿y religioso? ¿Nihilista?) que propone no es todo lo convincente que debía haber sido, y lo más importante, no conmueve, adormece, a menos que seas un pedestre poco exigente que gusta de polemizar la somera bien curtida en simbología escandalosa con sangre y sexo malsano de por medio.

Aún así, Hussain no es un Andreas Schnass cualquiera. La truculencia le resulta la mayor de las veces y eso le ennoblece, aunque le sirva únicamente para ser eso, truculencia, sin más, porque el supuesto poso amargo y desmoralizador de Subconscious… no lo detecto, o me deja frió; me resbalan esas aparentes implicaciones psicológicas y hasta filosóficas que están de más y no funcionan en absoluto, o me la sudan.

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