Granja de pillastres

Un buen punto de partida merece ser siempre replanteado, sobre todo, si originalmente dejó bajo el listón. Es el caso de The Butcher, un terror gonzo coreano de rebozado inmundo y sangrientón y bella factura digital. Pudo verse en el festival de cine de Sitges del año pasado en su sección más marginal (Midnight X-treme) sin mucho revuelo, aún proponiendo una idea y una narrativa metaficcional infinitamente más atractivas, impactantes y participativas con el espectador que las de éxitos tan cacareados y sobrevalorados como Cannibal Holocaust, The Blair Witch Project o [Rec], por citar los más sonados y tramposamente bienaventurados.

The Butcher se estructura en base a su planteamiento interactivo, sujetando la narración a la perspectiva de los protagonistas, o sea, utilizando varias cámaras cuya visión es siempre subjetiva, y lo digo literalmente: depravados organizando una bacanal de torturas y mutilaciones a costa de jóvenes e inocentes víctimas en una granja de cerdos mugrienta. Ellos graban las atrocidades que van cometiendo mientras a su vez son grabados por las víctimas, que en la cabeza llevan un casco con cámara incorporada. Un simple pero muy terrible y efectivo juego de montaje alterno constante que por momentos consigue alcanzar su máxima prioridad, inquietar, angustiar, provocar el rechazo directo o bien avivar el lúdico convulso del espectador que espera más y más perrerías y mal rollo al cubo. Pero The Butcher se queda un poco a medias en todo, y eso que es innegable el empeño de su director y guionista, Kim Jin-Won, por inquirir el sufrimiento ajeno del modo menos ingenuo y más realista posible.

Veamos, durante sus un poco largos setenta y seis minutos, las distintas torturas, los improperios verbales, las escenas de canibalismo y sodomía (mayormente impartidos a un par de víctimas que son matrimonio) no brillan como sí lo hacen la inmediatez de la puesta en escena y la rudimentaria y sórdida producción artística de las localizaciones (perfectamente desoladoras, muy cercanas y sugerentes, además, sitiadas de día), tanto interiores como exteriores, y así es por la escasa imaginación que los redondean, por la falta de complemento y empaque exigidos en semejante propuesta, aunque he de reconocer que la ya obligada escena de la extracción de globo ocular es excelente y realmente espeluznante, muy superior a otras escenas similares de otras tantas películas orientales o no.

Aún así, y después de haber digerido un final que resulta tan incoherente y discrepante de la premisa inicial como satisfactorio, por motivos de esputo, emoción e impulso, esta The Butcher supone, al margen de errores, un contundente, seco y hasta diría que involuntario análisis de la perversidad y la sinrazón humanas sin las rúbricas petulantes de un Michael Haneke o la moralidad y el soterrado nihilismo de un Gaspar Noé, que deconstruye un lenguaje de puro videojuego de última generación para servirnos a los espectadores de divertido y chocante snuff postmoderno, a priori, cinematográficamente muy plausible.

Me prestaría encantado a realizar una especie de secuela occidental y mediterránea, con la excusa de la variante, en apropiarme la idea, e ir más lejos, muchísimo más lejos. Los [Rec], a la altura del betún. Pero mariconadas, ¿eh?

4 comentarios

  1. Tiene pintaza. Y el rollo subjetivo siempre me llama la atención. El tema asiatico lo tengo un poco olvidado en todos los generos y estilos, a ver si lo retomo.

  2. El nuevo cartel del blog es la hostia.

  3. No funciona mal, pero se queda a medio gas. Ya lo dije. Y la idea de lo verité ha sido remodelada con más cojones que ingenio, aunque también.

  4. a mi me duele…au…no sé…si fuera la foto del corte de un prepucio puede que me doliera menos…ai, au, ix…leo como doliéndome oigan… je

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