La crítica cinematográfica, artística o cultural

La crítica es el enjuiciamiento de un hecho productivo o reproductivo, hecho con un criterio totalmente periodístico, y tomando como parámetros los del arte del que se trate, sobre la base de unos conocimientos, experiencias y comparaciones, y mantenidos con el valor que emana de la confesión de una opinión subjetiva.

Hans-Heinz Stuckenschmidt

Son varias las cuestiones que componen la crítica cinematográfica, como toda crítica de arte o pensamiento racionalizado, pero sólo un par de ellas la valida y ostenta: el sentido del criterio y ambicioso rigor cultural del crítico, que no, necesariamente, la personalidad de éste, en caso de hallarla, porque de nada puede servirle a un lector, sin baratos y estúpidos convencimientos previos, una crítica basada en la apatía de su autor, en sus gustos obcecados en detrimento de su disgusto con la obra criticada. Aportar los datos necesarios y adecuados para formar una crítica o adjetivar una opinión generalmente indocumentada o condicionada por factores externos prescindibles en el juicio del crítico tampoco son signos de estar haciendo crítica real que les sirva de nada a los lectores ni al autor mismo. Los distintos niveles de subjetividad  en la crítica se sustentan, principalmente, en la personalidad del crítico, de acuerdo, pero no (y volvemos a la apatía) en injustificados y precipitados berrinches o en tópicas e impersonales alabanzas a obras canonizadas hasta el aburrimiento o por motivos a veces discutibles.

El disgusto sin sentido de la perspectiva histórica o contrapuesto, o negado, al valor intrínseco de determinadas corrientes que sobrellevan la obra criticada, no es crítica, es opinión obtusa, justificada en necios, pero no en críticos cinematográficos auténticos, profesionales o no. Este podría ser el caso del nefasto y forzado polemista de baratillo Carlos Boyero, que en una ocasión llegó a afirmar que George A. Romero, poniendo como ejemplo ese viejo y tan equivocado calificativo a Ed Wood, merece un puesto de peor director de la historia del cine. Tan desastrosa y gratuita afirmación venía dada, en gran parte, a que Survival of the Dead (lean mis impresiones sobre ella) compitió en la sección oficial de la 66ª Mostra de Venecia. Boyero no ocultó su impulsivo y tonto desprecio hacia el nuevo Romero declarando la vergüenza que le suponía ver “una mierda de película de zombis de bajo coste dirigida por el peor director de la historia” compitiendo en un festival donde sus corresponsales de prensa son, en su mayoría, de su especie: zopencos amargados, desgastados, prácticamente inútiles, y cortos de miras. Pero también existen críticos que no siguen directrices personales o intuitivas, por insulsas e insignificantes que éstas sean: la estéril objetividad u, otra vez, pero de modo distinto, la incompetencia subjetiva.

El punto de vista del cinéfilo carca, del amigo del correctísimo academicista (la superficialidad del irritante periodismo académico), del discurso rancio y obsoleto, es siempre atrevido por carecer de herramientas que lo integren en el debate de la evolución natural del cine década tras década, en subyugar nuevas formas y corresponder a la lógica del cine como arma de filo múltiple creciente y constante, para bien o para mal, no por señalar con el dedo a ciertas tendencias de un cine heterodoxo, independiente o rabiosamente comercial con falsa soberanía y prepotencia atontada. Se le resisten todos los géneros cinematográficos y sus diferentes patrones estéticos, narrativos o conceptuales, en definitiva, sus diferentes formas de mutación. Sácalo de su esquema y se negará a ello. Continuará con él y, lo que es más, lo aplicará a conceptos que le son por completo ajenos, como considerar a The Last House on the Left y Lucifer Rising pésimas películas por oponerse a la sofisticación visual y técnica elemental y primeriza de las épocas doradas de Hollywood de los años 30 y 40, tiempos de los Welles, Curtizs, Hitchcocks y Mankiewiczs de rigor, cuando tanto la película de Wes Craven como la de Kenneth Anger pueden pasar por perfectos hijos de la espontaneidad y volubilidad formal o la impetuosidad emocional y conceptual  de las primeras películas experimentales de Carl Theodor Dreyer, Jean Cocteau o Luis Buñuel, cineastas de los que dudo que el arquetípico crítico al que me estoy refiriendo entendiera las principales características y motivaciones de sus obras, relegadas a manías e inquietudes casi o de lleno parafílicas, razón de más por la que crearon escuela, como en su día también lo hicieron Wes Craven y Kenneth Anger.

No es de extrañar que en la prensa corrupta (el 99% de la prensa) se insulte a la inteligencia de aquellos grandes pensadores admiradores del arte y las letras que asentaron los postulados de la crítica periodística en sus ensayos. Poe, Nietzsche, Borges, Wilde o Cortázar (cito, claro, los que mejor han merecido mi atención), sobre todo Borges, en sus algo cargantes pero certeros Obra Crítica y Ficciones. Pero si hay un ensayo que realmente lo dice todo acerca de la crítica cultural, y en tan solo 24 páginas, ese es Acerca de la crítica periodística de las artes, del sudamericano Wálter Aníbal Ravanelli, a mí ver y para mi gran sorpresa, uno muy superior a los de los autores susodichos. Ravanelli, con impasibilidad, concisión, sana lucidez y total franqueza, descarga en este formidable ensayo verdades universales para con las responsabilidades del crítico:

Tiene que conocer su técnica, saber leer su lenguaje y tener una idea cierta acerca de su historia y la evolución de su estética.

También dedica un apartado a las diversas clasificaciones de la crítica, indagando en su idiosincrasia, donde caben la analítica o académica, la impresionista, la periodística y la patológica. Pero para no hacer este artículo eterno, me centraré en la clasificación de la crítica más habitual, sobre todo, en Internet: la patológica. Según Ravanelli:

El críti­co -generalmente un profesional conocedor de su métier y casi siempre respetado en los círculos de lectores cultos- reacciona violentamente ante un autor, una obra o los intérpretes, y desen­cadena contra ellos una andanada de adjetivaciones negativas e incluso ofensivas. Bien puede tratarse de un rechazo a un autor o a una escuela artística, o a un intérprete o un estilo interpre­tativo. El crítico en este caso se olvida de lo que sabe y de lo que tiene que escribir, y enjuicia casi sin fundamentos, o con fundamentos demasiado personales cuya lógica se explica sólo internamente. (Por supuesto que también se habla de patología crítica cuando se trata de alabanzas igualmente desmedidas e infundamentadas. Es más raro, salvo que se dé el caso de una falta deontológica grave, ocasionada por intereses espurios -general­mente económicos, y a veces personales- que se mezclan a la labor periodística).

Soberbia sentencia que no deja títere con cabeza y señala sin aspavientos las conveniencias del sector profesional. Boyero sería un buen ejemplo de ello. Pero señalemos también un caso reciente que a mí no deja de parecerme tan insípido como antipático y estúpido, el fanzine Llo lo beo a si (sucedáneo idiotizante y tontolabas del ensayo de culto Así lo veo yo, de Einstein?), modesto y perecedero pero falaz experimento centrado en la “dinamitación” gratuita, desganada, cobarde e infudamentada de mitos o costumbres artísticos que, irónicamente, han sido justamente ensalzados por rigurosas razones basadas en fundamentaciones preclaras. Llevan ya dos números, a cada cual peor y con títulos presuntamente alegóricos y progres de postín a cada cual más vergonzante, pueril y ridículo (vean la web que he enlazado más arriba).

Esta vez no se trata de la crítica a la obra artística per se, si no, mucho ojo, al arte o medio que hace a ésta posible (el primer número, sobre la literatura, no se atrevió a ser una oposición real, mientras que el segundo, sobre el cine, sí pretendió serlo, sin éxito, claro. El contenido habla por sí solo). Una patalogía, en el fondo, inofensiva, tan estrambóticos y fariseos son sus no-argumentos, que van de no corresponderse con la idea general del fanzine (algunas veces, escapándose por derroteros que glorifican abiertamente el arte que intentan atacar, con lo que un servidor no puede estar, paradójicamente, más que de acuerdo) a intentar justificarla con aberrantes injustificaciones o, directamente, con vulgares necedades que esconden un contexto terriblemente hipócrita, concienzudamente idiota.

Sus motivos son, explícitamente, encima, la triquiñuela modernista vacía, simplista, vulgar y sin cariz de estar a la contra de conceptos que malinterpreta o finge malinterpretar para estar a la contra porque sí, siguiendo la lógica de la más banal provocación. Y que servidor conozca personalmente a la mayoría de sus colaboradores, lo vuelve aún más infame a mi entender. Por último, añadir que espero haya quedado muy claro que este fanzine no es, como se pretende, en absoluto desmitificador, ya que son los verdaderos amantes de las artes que “critica” los que más escarnio pueden mostrar ante las mismas, lo que comúnmente suele llamarse sinceridad y conocimiento de causa. Un ejemplo sencillo: ya sabemos que la opinión cinematográfica de alguien a quien le traiga sin cuidado el cine, y por tanto, desconoce éste, por su manifiesta ignorancia, carece por completo de interés, valor y raciocinio.

Y seguimos con Ravanelli:

La crítica se estructurará sobre la base de un planteamiento del asunto, en alto nivel de abstracción y con inclusión de juicios de valor; le seguirá luego un análisis pormenorizado -en bajo nivel de abstracción- de los detalles que hacen al tema, a manera de material de demostración de lo que se ha afirmado en el planteo inicial, y para dar elementos de juicio que ubiquen al receptor en la idea general de la crítica, y por último se hará un resumen final, como conclusión de lo ex­puesto, nuevamente en alto nivel de abstracción.

Y es así como, fácilmente y continuando en Internet, Blog de Cine podría ser el blog sobre cine con los peores y más lerdos e inocuos textos que he leído (con el ceño fruncido y cara de espanto todo el rato) en mi puta vida. Un pestiño donde decir “el gran Raoul Walsh, describir sinopsis sacadas de la IMDB, poner un par de tópicos adjetivos y otro par de frases hechas aquí y allá lo autoriza a merecer ser leído por inocentes neófitos, vagos mentales o directamente idiotas. A su lado, LaButaca parece menos imbécil y todo. Y así podría continuar hasta la extenuación, analizando un mosaico importante de ejemplos de pésimas bitácoras sin ideas ni personalidad (al margen dejemos, claro está, a preadolescentes aprendices o a los talentos en potencia de difícil o paciente gestación), que desconocen y desconocerán la primera ley marcial para la crítica o el crítico, que han de:

dar al recep­tor los elementos de juicio que le permitan apreciar la realidad objetiva detrás de su opinión.

Moco de pavo para algunos, inalcanzable para una mayoría somnolienta.

8 comentarios

  1. Y como colofón, esta entrevista a uno de mis críticos de cine favoritos, Carlos Losilla, donde éste ayuda también a descolocar el cultivo rancio de esquemas manidos en la crítica cinematográfica diciendo grandes verdades:

    http://www.miradas.net/2006/n50/estudio/carloslosilla.html

  2. Me has desperado la curiosidad, Sergio. ¿Puedes decirme dónde se encuentra el texto original de Ravanelli? Quiero leerlo en su totalidad. Gracias.

  3. Claro. Te paso el enlace del archivo con el artículo en word:

    http://www.mediafire.com/?5igtzqdgnwk

  4. Gracias, nuevamente.

  5. Hola.
    Leí el primer número del fanzine aludido y lo encontré altamente irónico. Nada era para creérselo. Lo percibí como una crítica- destape de los que se consideran cinéfilos y en realidad no saben de cine, y sí les encanta el alarde. Y por otra parte, sí, habían artículos que eran como cuestiones burlescas marcadas por experiencias personales, con uno que otro argumento ligero.

    También recuerdo – aparte- tu post sobre Crepúsculo. Lamento tardíamente no haberte dejado un comentario porque me pareció rotundo. Simplemente me asombró que no atacaras el film. Y encontré una mirada sorprendentemente clara en el post, tratándose de una película en la que no hay gore, realmente. Me di cuenta que te había colocado en un plano cortante, ortodoxo. Me hallé desmintiendo aquello con la lectura de aquel post.

    Hace poco leí un post de Alvy Singer sobre la película que hoy enardece a miles de adolescentes. AS plantea su desconcierto: porque si bien la película trata sobre vampiros no es su objeivo mostrar el terror vampiresco. Sus temas de fondo son otros.
    Este mundo de blogs tiene sus puntales.
    Sigo a esta bitácora y la aprecio especialmente. Al foro del Focoblog lo hallé divertido y no menos aleccionador en el mejor sentido. Encontré polémicas virulentas cerrradas con tópicos de las groserías que no me escandalizan, pero sí me decía: acá ya no hay debate. Y notoriamente el moderador lo entendía. Creo que en un Foro libre el desmadre ocurre pero lo interesante, lo que enciende al que lo sigue es su amplitud, allí donde los que participan no son unos neófitos inocentones.

    Esta bitácora desde su predecesor, en blogger con El amigo de Charlie Manson me ha enfatizado en muchas cuestiones y lo agradezco. Es una bella manera de amar al cine sin límites

  6. Hola. Es verdad que he defendido Crepúsculo en varias ocasiones y por motivos muy claros (no he visto Luna Nueva, pero me huele a chamusquina esta propuesta de secuela. Vamos, que intuyo un cagarro aséptico, una banalización de la anterior), pero no sé a qué post mío sobre ella te refieres. No recuerdo haber escrito nada sobre ella en este blog ni el anterior.

    Con respecto al focoforo, no sé a qué viene, pero en fin, te seré sincero, es otro foro más, y encima, de falsos coniseurs culturetas (algunos merecen licuar y ser vertidos en el water). O sea, una mierda, a la que los moderadores contribuyen con especial tino. Allí se cuece la vanidad y se predica la estupidez pintada de otra cosa. Los comeculos del mundo son mis enemigos, y ese foro esta lleno de ellos y de tontolabas de los que avergonzarse, y lo mismo puedo decirte de un amplio espectro de mongoladas predominante en la blogosfera.

    El planteamiento de ese fanzine no pretende ser, solamente, irónico, sino, la mayor de las veces, directamente sarcástico, no consiguiendo, sin embargo, ni una cosa ni otra, sólo desconcierto y manías arbitrarias sacadas de la nada o de la más plana frustración.

    Gracias por todo lo demás.

  7. No he leído aún el segundo número del Fanzine. Aludí al Foro, por el punto de la crítica. El post sobre Crepúsculo lo leí en el blog El amigo de Charlie Manson, el que ahora no está abierto.
    [¿Me equivoco?]

    No adular es el quid. Y también por eso esta bitácora interesa. Es algo así como el punk sin vestigios de un tiempo signado. Ahora estamos en otra coordenada.

  8. Ah, pues es posible que sí le sacará reseña a Crepúsculo en el anterior blog.

    “el punk sin vestigios de un tiempo signado”. Me lo apunto. Jeje. Gracias.

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